miércoles, 3 de febrero de 2010

EL HOMBRE, POR SER PERSONA HUMANA TIENE LIBERTAD “CONSTITUTIVAMENTE”, ÉSTA ES UNA CONDICIÓN ONTOLÓGICA DE SUS SER.

El hombre es un ser libre por naturaleza, ya que no es un mera cosa o un simple animal, es ante todo un sujeto con posibilidad de autodeterminación y, por ser persona, tiene en su mismo ser esta dimensión. No obstante, para ser libre, hay que desarrollar esta dimensión de libertad, ya que ella misma es capacidad y posibilidad de proyección para llegar a ser persona, si se la ejercita. Alcanzar el manejo de la libertad es ejercer la propia realización personal, ya que con ello se tiende y se busca la ejecución de la característica que desde los orígenes no fue asignada. El verdadero ejercicio de la libertad es el desarrollo de la personalidad de manera integral y total, mediante la expresión y el ejercicio activo de las potencialidades. (Cfr. León Guevara, Judit, - fundamentos para una personalización liberadora. U. Católica de Manizales, 1987) Se puede definir la libertad como la capacidad que tiene la persona de reconocer y llegar a realizar su proyecto vital, escogiendo los medios a través de decisiones que le conduzcan a plenitud de su realización personal y comunitaria. La libertad es posibilidad de decisión, pero también el legado y patrimonio que se recibe: en ninguna persona se encuentra la libertad constituida completamente. (Todo ser humano por su naturaleza nace libre – se apropia de la libertad – así las situaciones de su vida parezcan decir lo contrario, pero no toda persona puede vivir ni ejercer su libertad porque no siempre ha sido inducido, orientado o acompañado en su ejercicio); la persona asume y crece en libertad en la medida que se va involucrando en la experiencia de la libertad. Por este motivo la libertad no es sólo conquista personal, sino también una construcción colectiva; de allí que es necesario un ambiente que posibilite el ejercicio de la libertad. Es tarea del hombre como ser libre, y por consiguiente histórico, trabajar con los demás para identificar los valores que confieren dignidad y verdadera libertad a la existencia humana. Desde la revelación: Jesús el hombre libre. La Biblia nos ofrece elementos para una mejor comprensión de la libertad. El punto de partida para hacer una reflexión sobre la libertad en las Sagradas Escrituras es el hecho de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gen. 1,26). Dios, al crear al ser humano le ha conferido la dignidad de persona, dotándole de iniciativa y dominio de sus actos. Le ha otorgado la capacidad de decisión para que le pueda buscar sin coacción y libremente llegue a la plena y feliz perfección. Dios no sólo le ha concedido la capacidad de decisión, sino también la facultad de lección: desde la escena del paraíso encontramos la decisión frente al árbol del bien y del mal (Gen 16. 3,1-6). En el episodio de Caín y Abel Dios dice a Caín: “si obras el bien, de seguro andarías con la cabeza alta; pero si obras el mal, el pecado acecha a la puerta” (Gen. 4,7). Más claro aún es la opción que Dios presenta al hombre para escoger la vida y la felicidad o la muerte y la desgracia (Cfr. Dt. 30, 15 ss) Los profetas amonestaron una y otra vez al pueblo para el buen uso de la libertad (Is 1, 19-20; 43,1-7). Esta libertad se basa en la libertad otorgada por Yahve a su pueblo. Yahve es el libertador, es el Dios de la libertad (Ex. 6,6; 19,5). En la medida en que el hombre hace el bien se hace cada vez más libre. No hay verdadera libertad sino en el ejercicio del bien y de la justicia: la elección por el mal es un abuso de la libertad y conduce a la esclavitud del pecado (Gál.5,16-17). El conocimiento del bien y la ascesis acrecientan el dominio de la libertad sobre los propios actos, es decir, acrecientan la libertad. (Cfr.C.E.C. 1733-1734)





La novedad del Nuevo Testamento es que Dios confiere al hombre el poder de la liberación: libertad de y libertad para. Libertad de, sustracción de hecho a los condicionamientos de orden natural; y libertad para, dinamismo interior nuevo al que el hombre puede corresponder y que consiste en el ejerció de la caridad como don de Dios. La Carta a los Gálatas es el documento de la libertad Cristiana; Jesús ha hecho que el Cristiano sea un hombre libre del yugo de la esclavitud constituido en la libertad y llamado a la libertad tanto de la ley como del pecado y de la muerte. Jesús fue el hombre libre por excelencia; sólo el hombre libre como Jesús puede servir al hombre, Jesús es libre para recibir, para amar, para consolar a los pecadores que han sido excluidos de la sociedad (Mc 2, 15-17). Quien posee su Espíritu es libre “El señor es el Espíritu y donde está el Espíritu esta la libertad “ ( 2 Cor 3, 17). Para la vida: crecer en libertad La libertad se le da al hombre en germen y debe crecer con el hombre. Hay que educarla y aumentar a medida que se desarrolla la personalidad. El Señor nos hace poco a poco libres del pecado para ser servidores de Cristo, libres del egoísmo, de la búsqueda de sí mismos con la capacidad de donarse sin medida. La ley del hombre libre es: “Ama y haz lo que quieras” (San Agustín). Pero no se trata de lo que queremos nosotros, porque así nos querríamos a nosotros mismos, se trata de lo que quiere el ser amado: Dios. Ser libre es llegar a comprender y comprometerse en lo que exige el ser imagen de Dios, que implica ser transparencia de amor de Dios (Jn 15,1-17). Es orientarse en el sentido de la liberación personal y comunitaria, quitando progresivamente todo aquello que impide responder a este llamado (Filip 2. 1-11). Ser libre es abrirse al Espíritu de Dios que no es otro que Jesús Resucitado que antes ha pasado por la muerte en la cruz. Conclusión: educar para la libertad Es pues de vital importancia que la escuela, la familia, las comunidades educativas, la parroquia y demás entes formativos se comprometan en ayudar y orientar a las personas en la consecución de su libertad, formando en las sanas costumbres, los valores humanos y cristianos, el ecumenismo y la libertad religiosa. También es preciso motivar una reflexión seria y objetiva sobre todos aquellos aspectos que obstaculizan el pleno desarrollo de la libertad en todos los ambientes donde se desenvuelve al ser humano (trabajo, estudio, familia, deporte, otros) La auténtica cultura debe ser una cultura de libertad, que emana de las profundidades del Espíritu, de la caridad del pensamiento y del generoso desinterés del amor, fuera de la libertad no puede haber cultura; la verdadera cultura de un pueblo, su plena realización no se puede desarrollar en un régimen coercitivo: “La cultura tiene siempre necesidad de una justa liberta para desarrollarse y de una legítima autonomía en el obrar según sus principios” (Gaudium et Spes 59)

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