miércoles, 3 de febrero de 2010

¿QUÉ ES LA ÉTICA?
Cuando se habla de copiarse en un examen, de cometer plagio, de faltar a la ética o se escuchan quejas sobre los "valores que se han perdido", se suele hacer referencia a una concepción de la ética, de los valores y las normas como algo externo, como un código que estaría fuera de nosotros mismos y que podemos violentar, quebrar o desobedecer. La consecuencia de esa trasgresión de las normas sería un castigo, que se ejercería desde una instancia o autoridad que igualmente estaría ubicada fuera de nosotros mismos.
Desde esa perspectiva, esas son normas que hay que obedecer porque a "alguien se le ocurrió" que hay que hacerlo y mientras no las violente "no me pasa nada". Si las cosas en ética son así, pudiera pensarse que son meras ocurrencias arbitrarias de una "autoridad", de las cuales, eventualmente, pudiera prescindir cuando pueda garantizar que dicha "autoridad" no está presente para sancionarme. El problema de violentarlas o no, dependería de si alguien "se da cuenta”. Se cree también así que si las violento sin que nadie "me vea", no se haría presente "consecuencia" alguna, en la medida que las consecuencias de mi trasgresión dependen también de una instancia externa y ajena a mí. Pero resulta que eso es una pobre visión de lo que es la ética. En realidad, y aunque parezca extraño, la ética no es esencialmente algo que tenga que ver con las normas, las leyes, los códigos y los valores externos. Todo eso es muy importante, sin duda, pero es algo subsidiario de lo que realmente es la ética.
¿Qué es la ética, entonces? Responder a esta pregunta traería consigo una discusión filosófica profundísima, pero podríamos empezar diciendo que ética es una palabra que viene del griego ethos, que quiere decir simplemente costumbres, la cual a su vez los latinos tradujeron por mores, de donde se deriva nuestro vocablo moral. Así que en esencia ambas palabras, ética y moral, significan lo mismo, si atendemos a su origen etimológico. Ethos hace referencia a la manera de ser de las personas, a la forma en que se comprenden a sí mismas y se comportan con respecto a esa comprensión de sí.
La ética, en realidad, nace de la propia interioridad del hombre y de su necesidad de ser libre, de su tener que decidir continuamente qué es lo que él va a hacer con su vida en cada momento. En las decisiones humanas no solamente se decide realizar una acción exterior a sí mismo, sino que en esa misma decisión cada quién está sobre todo dándose una manera de ser particular: está definiéndose a sí mismo como persona. Y eso en todas las decisiones que se tomen en la vida. Les pongo un ejemplo sencillo: cuando uno decide algo tan aparentemente "pragmático" como la carrera que se va a estudiar, no tomo simplemente una decisión acerca de "hacer" algo externo a mí, sino que estoy decidiendo igualmente una manera de ser particular que va a marcar no sólo lo que voy a "hacer" en la vida, sino muy radicalmente lo que voy a "ser", la forma concreta que esa vida a cobrar a partir de esa opción. Si uno decide ser ingeniero, filósofo, arquitecto o biólogo, no está simplemente ejecutando una actividad externa, sino que paralelamente a eso uno se va a definir a sí mismo y esa profesión va a marcar profundamente lo que uno es como persona. Así, en cada decisión uno no va sólo haciendo cosas externas, sino definiendo lo que uno es.
Pues bien: la ética no es sino la dimensión del hombre por la cual éste crea posibilidades de ser y se las apropia, dándole con ellas una forma concreta a su propio ser. Es decir, esas decisiones tienen consecuencias directas sobre lo que el hombre mismo elige ser. Hay decisiones que van a traer consigo que el hombre sea mucho más pleno, mucho más persona, que lo van a enriquecer en su humanidad. Esas son las decisiones que consideramos han sido buenas decisiones en nuestra vida, porque tienen consecuencias productivas, formativas, enriquecedoras, nutritivas de nuestra propia manera de ser. Hay otras decisiones que, por el contrario, cuando uno las toma tienen consecuencias negativas sobre uno mismo: son las decisiones que consideramos fueron malas decisiones. Por ejemplo, haber escogido una carrera distinta a la que realmente tenía que ver con la vocación de uno.
La ética, entonces, tiene que ver con lo que es bueno y lo que es malo, pero sobre todo tiene que ver con lo que uno hace de sí mismo. El "bien" y el "mal" es el fruto de nuestras decisiones, es si eso que elegimos nos hizo realmente mejores o peores personas, independientemente de que haya alguien viéndonos externamente y sancionándonos o castigándonos. Eso es, en todo caso, lo de menos, porque en definitiva lo importante de una decisión es qué es lo que yo hago de mí mismo con ella.
Ética, en definitiva, es lo que hago de mí mismo con mis propias acciones.
El ejemplo de premiación a los mejores estudiantes de la cohorte en universidades reconocidas, en el que se aprecia a un ingeniero o arquitecto a quien se le viene abajo una construcción es muy ilustrativo. El personaje rememora que cuando era estudiante siempre "se copió" en los exámenes y, por lo tanto, aunque obtuvo su título, se convirtió en un profesional "falso", en el sentido de que no era un buen profesional porque nunca llegó a formarse a sí mismo como tal y lo que hacía estaba condenado a caerse. Lo fundamental del ejemplo no está en el hecho de que el sujeto fuese "malo" porque "violó" las reglas de la honestidad intelectual, sino en que en esas decisiones de dejar de estudiar para "cumplir" con el requisito formal del examen aprobado a través del dudoso expediente de la "copia", llegó a convertir el "copiarse" en un hábito, en una manera de habérselas consigo mismo y con su vida. Con ello, hizo de sí mismo una persona "falsa", una "mala persona" cuyas actuaciones tendrán consecuencias negativas sobre los demás. Una persona que no construyó una realidad humana a la altura de lo que había recibido como posibilidad, al tener el privilegio de ser un estudiante.
La educación es precisamente el privilegio de tener la posibilidad de formarse a sí mismo. Es el privilegio de poder educarse y de llegar a ser un hombre o una mujer mejor. Si uno está en la universidad y uno se comporta de tal modo que no se hace una mejor persona, sino que se vuelve una persona tramposa a través del plagio y la copia, lo peor es que está dejando de formarse, está cometiendo una inmensa estupidez al negar justamente aquello en lo que consiste la esencia del ser humano: darse forma a sí mismo a través de las decisiones correctas y bien hechas. Así que si alguien es tramposo y se plagia cosas, lo de menos es que "alguien" se de cuenta o no: lo importante es la decisión que con ello se ha tomado sobre lo que va a hacer de sí mismo y que con ello está construyendo una realidad humana completamente falsa y mezquina que no corresponde con las oportunidades y las posibilidades que se han recibido para poder ser alguien íntegro y humanamente rico.
Lo fundamental de no llevar una existencia ética no está en que a uno se le pueda "castigar" si viola una norma externa. Lo fundamental está en que uno mismo está perdiendo su tiempo y dejando de ser una persona más plena y humana, está negando lo que es la esencia del hombre: formarse responsablemente a sí mismo a través de la libertad.
La ética es, sobre todo, la capacidad que tenemos todos nosotros de asumir consciente y libremente nuestra posibilidad de decidir qué vamos a llegar a ser nosotros mismos a través de lo que hacemos con nuestras acciones. Si yo decido ser una persona ética, decido al mismo tiempo construirme con mi propio esfuerzo. La educación supone querer y aceptar precisamente ese esfuerzo de hacerse a sí mismo. Si prescindimos de eso, no me estoy educando.
En conclusión: la ética hay que entenderla como una dimensión esencial de nuestra realidad humana, donde quien me juzga no son las leyes externas, ni los profesores, ni quien me "cuida" en clase. Quien me juzga soy siempre, en última instancia, yo mismo.
EL HOMBRE, POR SER PERSONA HUMANA TIENE LIBERTAD “CONSTITUTIVAMENTE”, ÉSTA ES UNA CONDICIÓN ONTOLÓGICA DE SUS SER.

El hombre es un ser libre por naturaleza, ya que no es un mera cosa o un simple animal, es ante todo un sujeto con posibilidad de autodeterminación y, por ser persona, tiene en su mismo ser esta dimensión. No obstante, para ser libre, hay que desarrollar esta dimensión de libertad, ya que ella misma es capacidad y posibilidad de proyección para llegar a ser persona, si se la ejercita. Alcanzar el manejo de la libertad es ejercer la propia realización personal, ya que con ello se tiende y se busca la ejecución de la característica que desde los orígenes no fue asignada. El verdadero ejercicio de la libertad es el desarrollo de la personalidad de manera integral y total, mediante la expresión y el ejercicio activo de las potencialidades. (Cfr. León Guevara, Judit, - fundamentos para una personalización liberadora. U. Católica de Manizales, 1987) Se puede definir la libertad como la capacidad que tiene la persona de reconocer y llegar a realizar su proyecto vital, escogiendo los medios a través de decisiones que le conduzcan a plenitud de su realización personal y comunitaria. La libertad es posibilidad de decisión, pero también el legado y patrimonio que se recibe: en ninguna persona se encuentra la libertad constituida completamente. (Todo ser humano por su naturaleza nace libre – se apropia de la libertad – así las situaciones de su vida parezcan decir lo contrario, pero no toda persona puede vivir ni ejercer su libertad porque no siempre ha sido inducido, orientado o acompañado en su ejercicio); la persona asume y crece en libertad en la medida que se va involucrando en la experiencia de la libertad. Por este motivo la libertad no es sólo conquista personal, sino también una construcción colectiva; de allí que es necesario un ambiente que posibilite el ejercicio de la libertad. Es tarea del hombre como ser libre, y por consiguiente histórico, trabajar con los demás para identificar los valores que confieren dignidad y verdadera libertad a la existencia humana. Desde la revelación: Jesús el hombre libre. La Biblia nos ofrece elementos para una mejor comprensión de la libertad. El punto de partida para hacer una reflexión sobre la libertad en las Sagradas Escrituras es el hecho de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gen. 1,26). Dios, al crear al ser humano le ha conferido la dignidad de persona, dotándole de iniciativa y dominio de sus actos. Le ha otorgado la capacidad de decisión para que le pueda buscar sin coacción y libremente llegue a la plena y feliz perfección. Dios no sólo le ha concedido la capacidad de decisión, sino también la facultad de lección: desde la escena del paraíso encontramos la decisión frente al árbol del bien y del mal (Gen 16. 3,1-6). En el episodio de Caín y Abel Dios dice a Caín: “si obras el bien, de seguro andarías con la cabeza alta; pero si obras el mal, el pecado acecha a la puerta” (Gen. 4,7). Más claro aún es la opción que Dios presenta al hombre para escoger la vida y la felicidad o la muerte y la desgracia (Cfr. Dt. 30, 15 ss) Los profetas amonestaron una y otra vez al pueblo para el buen uso de la libertad (Is 1, 19-20; 43,1-7). Esta libertad se basa en la libertad otorgada por Yahve a su pueblo. Yahve es el libertador, es el Dios de la libertad (Ex. 6,6; 19,5). En la medida en que el hombre hace el bien se hace cada vez más libre. No hay verdadera libertad sino en el ejercicio del bien y de la justicia: la elección por el mal es un abuso de la libertad y conduce a la esclavitud del pecado (Gál.5,16-17). El conocimiento del bien y la ascesis acrecientan el dominio de la libertad sobre los propios actos, es decir, acrecientan la libertad. (Cfr.C.E.C. 1733-1734)





La novedad del Nuevo Testamento es que Dios confiere al hombre el poder de la liberación: libertad de y libertad para. Libertad de, sustracción de hecho a los condicionamientos de orden natural; y libertad para, dinamismo interior nuevo al que el hombre puede corresponder y que consiste en el ejerció de la caridad como don de Dios. La Carta a los Gálatas es el documento de la libertad Cristiana; Jesús ha hecho que el Cristiano sea un hombre libre del yugo de la esclavitud constituido en la libertad y llamado a la libertad tanto de la ley como del pecado y de la muerte. Jesús fue el hombre libre por excelencia; sólo el hombre libre como Jesús puede servir al hombre, Jesús es libre para recibir, para amar, para consolar a los pecadores que han sido excluidos de la sociedad (Mc 2, 15-17). Quien posee su Espíritu es libre “El señor es el Espíritu y donde está el Espíritu esta la libertad “ ( 2 Cor 3, 17). Para la vida: crecer en libertad La libertad se le da al hombre en germen y debe crecer con el hombre. Hay que educarla y aumentar a medida que se desarrolla la personalidad. El Señor nos hace poco a poco libres del pecado para ser servidores de Cristo, libres del egoísmo, de la búsqueda de sí mismos con la capacidad de donarse sin medida. La ley del hombre libre es: “Ama y haz lo que quieras” (San Agustín). Pero no se trata de lo que queremos nosotros, porque así nos querríamos a nosotros mismos, se trata de lo que quiere el ser amado: Dios. Ser libre es llegar a comprender y comprometerse en lo que exige el ser imagen de Dios, que implica ser transparencia de amor de Dios (Jn 15,1-17). Es orientarse en el sentido de la liberación personal y comunitaria, quitando progresivamente todo aquello que impide responder a este llamado (Filip 2. 1-11). Ser libre es abrirse al Espíritu de Dios que no es otro que Jesús Resucitado que antes ha pasado por la muerte en la cruz. Conclusión: educar para la libertad Es pues de vital importancia que la escuela, la familia, las comunidades educativas, la parroquia y demás entes formativos se comprometan en ayudar y orientar a las personas en la consecución de su libertad, formando en las sanas costumbres, los valores humanos y cristianos, el ecumenismo y la libertad religiosa. También es preciso motivar una reflexión seria y objetiva sobre todos aquellos aspectos que obstaculizan el pleno desarrollo de la libertad en todos los ambientes donde se desenvuelve al ser humano (trabajo, estudio, familia, deporte, otros) La auténtica cultura debe ser una cultura de libertad, que emana de las profundidades del Espíritu, de la caridad del pensamiento y del generoso desinterés del amor, fuera de la libertad no puede haber cultura; la verdadera cultura de un pueblo, su plena realización no se puede desarrollar en un régimen coercitivo: “La cultura tiene siempre necesidad de una justa liberta para desarrollarse y de una legítima autonomía en el obrar según sus principios” (Gaudium et Spes 59)